domingo, 28 de octubre de 2007

La gran hipocresía


27-10-2007 La gran hipocresía
El Imperio se premia con el Nobel a sí mismo
Ricardo Luis Mascheroni
Rebanadas de Realidad

"La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida", el título de esta nota bien podría haber sido esta estrofa de la canción "Pedro Navaja" de Rubén Blades, "El Imperio se premia a si mismo", o "Crónica de un Premio Anunciado", pero al final opté por el que figura en el epígrafe, por ser el más claro y gráfico sobre lo que quiero expresar.
En estos días y reflejado por la mayoría de los medios de comunicación de todo el mundo, se ha conocido una de las mayores estafas perpetuada contra la credibilidad pública a escala global. La entrega del NOBEL de la Paz al ex vicepresidente de los EE.UU, AL GORE, sólo comparable a uno similar, otorgado a Henry Kissinger en el año 1973, mientras todavía caían las bombas sobre Viet-Nam. Pero en la realización de la maniobra que culmina con tamaña distinción, el premiado no ha actuado solo, sino que ha contado con la inestimable colaboración de expertos en manipular la información, grupos industriales, multinacionales de las semillas y petroleros que pintan de verde su imagen a la par que crece la inducida popularidad de su mascarón de proa. Un penalista amigo diría: casi una asociación ilícita.
Con su prédica el ex funcionario norteamericano ha dejado bien claro que todos somos responsables del mayor problema ambiental que como Espada de Damocles se erige sobre el futuro planetario, cual es el cambio climático y que todos los Gobiernos (los pueblos) deben hacer mayores sacrificios en beneficio de la Tierra. Bien sabido es que, cuando todos son responsables, como en el caso de Fuenteovejuna o el Gran Bonete, nadie es responsable y así se pone en un pié de igualdad a las víctimas con los victimarios. esfera planeta azulLos verdaderos responsables del descalabro mundial deben haber destapado su mejor champán para festejar tan brillante ocurrencia de su galardonado.

Reconozco que estoy muy sensibilizada al espectáculo populista. Quizá sea el camino más corto de llegar al pueblo, pero la espectacularidad no tiene por qué estar reñida con la ética ni con la estética. La falta de alguna de éstas cualidades me hace desconfiar. Que Al Gore sea protagonista de su denuncia sobre el calentamiento global y de su propia película/corto (Una verdad incómoda) así como las enormes minutas de sus conferencias, me escandalizan. Y para rematar, premios de gran prestigio como el Nobel y el Príncipe de Asturias, son otorgados a diestro y siniestro sin valorar estos elementos, es decir, amparando un populismo antiético y antiestético.
Me dije a mi misma, ojo, Teresa, que igual estás imbuída de neoantiamericanismo por el horror y las mentiras de Irak. Pero no. La intuición o conocimiento intuitivo, no me suele fallar desde que lo dejo actuar. Hay algo de falso en la pájara y afilada expresión de su cara, en los andares de virrey y en su pecho de pavo real. Incluso su presentación tiene un olor a marketing consumista que atufa: "...y fui el próximo presidente de EEUU". No es muy loable utilizar un problema medioambiental para obtener ganancias económicas elevadas o prestigio compensatorio de carencias de poder.
Lo que estoy esperando, como tantos otros, es que salgan a la palestra personajes de rigor y fiables, científicos de los que nadie conoce porque están trabajando en sus laboratorios o despachos, que aparecen en los medios cuando dan a conocer un estudio o descubrimiento importante que aliviará una enfermedad, que ampliará el conocimiento de nosotros mismos o que hará avanzar la tecnología y/o la calidad de vida de los homo sapiens u otros animales.
Los premios otorgados a la labor de este personaje les hacen perder la credibilidad ética y estética con la que muchos, creo, pensábamos estaban sobradamente calificados. Una cosa es apoyar una buena causa con un importante premio, y otra es bailarle el agua a poderes inexcusables. ¿O es que nadie más ha trabajado o sabe sobre el cambio climático? Quizá se trate de premiar al gigante que más "merdé" produce para que deje de hacerlo. Es una forma enrevesada de premiar que algunos llevan a cabo pero que producen un efecto desastroso en el necesario estímulo de los que trabajan con verdadero rigor y profesionalidad.
Temas relacionados en: [El confidencial] y [La dinamo]
firma teresa

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