miércoles, 24 de octubre de 2007

Losantos, el Rey y la palabra


Escrito por Luis I. Gómez

"Sólo hay dos poderes en el mundo: la pluma y la espada."(Napoleón Bonaparte)

Dicho de otra manera: la palabra, como expresión de la voluntad y del deseo es un arma. En una sociedad en la que hemos renunciado de forma más o menos voluntaria al uso de armas para imponer nuestra voluntad, en la que ni siquiera tenemos derecho a usarlas para defender nuestra integridad -función esta que hemos delegado lamentablemente en el estado- la palabra es el único vehículo de poder de los desarmados. Las ideas, los sueños, nuestra voluntad ya sólo puede cristalizar en las palabras pronunciadas que preceden la acción o animan a ella. Por eso la defensa del derecho a la libre expresión va más allá del mero reconocimiento de su existencia: poder decir lo que uno piensa, defender que el contrario diga lo que crea conveniente, es asegurar el derecho a la defensa propia y a la capacidad de transcendencia. Nos reafirma hoy y nos permite cambiar el futuro. Muchas palabras juntas, pronunciadas al unísono, son muchas voluntades juntas decididas a defender aquello que creen defendible, decididas a actuar para ser dueñas también de su futuro. Muchas palabras enfrentadas abren nuevas vías de acción, de pensamiento que de otra forma permanecerían para siempre ignoradas. La palabra articula nuestra historia, representa nuestro hoy y genera nuestro mañana.

La mejor manera de matar un alma es quitándole la palabra. La mejor manera de esclavizar un pueblo es prohibiéndole la palabra.

Este artículo se publicó el Monday, 22 October, 2007

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