sábado, 20 de octubre de 2007

Mujeres de ayer y de hoy en el cine


Ha dado la casualidad de que en dos semanas he visto dos películas sobre mujeres. "Mataharis" de Icíar Bollaín y "Las trece rosas" de Emilio Martínez Lázaro. Sólo tienen en común, que son sobre mujeres. Se da la circunstancia de que tiene más fuerza la dirigida por Emilio, que la dirigida por Icíar. Quizá porque la de Emilio es un relato situado en la cruenta guerra entre hermanos de nuestro pasado cercano y la de Icíar relata la lucha cotidiana por la vida de unas mujeres en un clásico oficio de hombres. Si, ya sé que ya no hay oficios ni profesiones sexistas, pero hailos. Tanto en la realidad, como en nuestra educación interiorizada y en nuestros tópicos tradicionales. Que la ley y la voluntad social marquen pautas, no quiere decir que la realidad, mentalidad, la costumbre y la educación vayan al mismo ritmo.

"Mataharis"
la denominaría como algo hueca, insonora e insípida. Con poca fuerza argumental que no temática. Los actores aunque con buen cartel y actuación, no rematan los personajes con la fuerza que se merecen. Porque la vida cotidiana, la rutina, el desamor, el trabajo, el encuentro, la vocación, el amor, y las decisiones de cada día, también tienen corazón y cabeza. Cualquier historia, bien contada, tiene siempre su dignidad a salvo. Y esta no lo está.




"Las trece rosas" es un relato de un hecho histórico concreto. Es historia porque está redimido, es decir, asumido y reconocido . Y aunque es pasado, también es "candente actualidad" por la próxima aprobación de la Ley de la memoria histórica. Esta película dará que hablar y se la tachará de parcialidad dentro de la lógica de bandos y enfrentamiento con el otro en el que algunos todavía quieren mantener su discurso sobre un suceso tan dramático y demencial como fue nuestra guerra civil.

Por supuesto que es parcial, lo es porque relata la historia de trece mujeres que hicieron lo que consideraban que debían de hacer en un bando concreto, igual que otras lo hicieron en el contrario. Así de sencillo y simple. Se implicaron en defender la libertad y la legalidad vigente ¡qué raro suena ahora! y sin embargo es un recuerdo y homenaje necesario por merecido.



Imaginemos por un momento que ahora, en plena monarquía republicana (o república monárquica, tanto monta...), neoliberlaismo económico y democracia asentada en donde estamos inmersos, empezamos a pegarnos tiros y a denunciarnos y a... , porque nuestros políticos andan a la greña por el poder o porque juacarlistas/si- felipistas/no, y se olvidan totalmente de su oficio de servidores ¿¿!? ¡Qué desconcertante! ¿Sabemos qué toca defender? ¿Saben ellos qué toca respetar?

El racimo de actores jóvenes que la interpretan están impecables en sus papeles, los hemos visto en teleseries y es increíble como los impertinentes chiquillos que salían de clase, se convierten en hombres y mujeres jóvenes que luchan por unos valores que materializan en acciones con gran profesionalidad. No hablo de protagonistas, porque en realidad no los hay. El protagonista es propio relato, la propia película que transmite la intensidad de una historia real en la realidad de la historia. Se le pueden buscar fisuras, se la puede analizar técnicamente, pero...

Ya lo sé, esto no es una crítica cinematográfica seria, pero yo no soy crítico de cine ni lo seré nunca. Soy una espectadora, una de las que contribuyen con su dinero a calificar las películas de buenas o malas según precio de mercado. Tiene su parte positiva, me legitima para decir lo que quiero sobre el producto.

Sobrecoge, la verdad. Es tan inocente como dura, tan tierna como potente, tan real como los recuerdos. Es la propia historia, no hay película, no hay música, no hay actores ni fotografía ni director. (Si hay, si, y mucho bueno)
La canción J'attendrei interpretada por Asier Etxeandía, maravillosa. Al finalizar y salir los títulos de crédito, suena una música a piano que buscaré, porque es buena y porque es un instrumento que me gusta especialmente.

Esta vez Cristina y yo estuvimos al loro. Los nuevos cines de Cine Cité Manoteras son una delicia sino fuera porque al terminar, te conducen muy discretamente hacia un camino de salida por el que nos dirigimos todos, atontados por la oscuridad y como borregos y al final te encuentras bajando cinco pisos de unas siniestras escaleras como si fueras por las tripas de un montruo que te defeca. Qué desverguenza. Las escaleras mecánicas sólo son de subida. En el recinto de las salas de cine hay un sólo ascensor para media docena de personas. Está indicado en una puerta de seguridad, pero la abren intencionadamente y la sujetan para que sea imposible verlo salvo que preguntes expresamente por él. Una vez llegas a la parte baja (entramos desde la calle) observé si había indicación del ascensor por algún sitio, y no. O preguntas, o intuyes que esa puerta metálica es un ascensor. Los baños sí, los baños estan bien indicados e incluso los hay para personas que se manejan con silla de ruedas. De momento, mientras que las colmenas al norte de Madrid de Sanchinarro y las Tablas, no estén plenamente habitadas por sus abejas, se puede ir a estos cines sin reservar entrada y sólo con el tiempo necesario de comprar la entrada. Es un recinto de ocio con veinte salas y diez restaurantes. Y un pequeño ascensor escondido para seis.

Crítica seria sobre la película en: LaNetro; Muchocine.es; elmundo.es; entrando por google, hay muuuuuucho. Busca, busca y encontrarás. ©Teresa C. B.©


El cura de ‘Las 13 rosas’ no sabe latín.
PEDRO MENDOZA. 24.10.2007 - 20minutos.es
En cada instituto español de Educación Secundaria hay, al menos, un profesor de Cultura Clásica que puede asesorar a los cineastas (sin mencionar a clérigos y otros eruditos) con el latín.
Además de TVE, Canal + y otras entidades, coopera también el Ministerio de Cultura. A pesar de todo y por enésima vez, en una película española se pronuncia mal la frase latina quizá más frecuente en el cine occidental.
Son sólo cuatro sustantivos y un adjetivo, pero siempre mal dichos. Subrayo las letras finales conflictivas, con la esperanza de que al Ministerio de Cultura, a cineastas y a dobladores, no les importe un pepino: In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti…
Lo sabe cualquier estudiante de latín: son todos genitivos, menos el ablativo nomine. Por lo demás, me interesa el tema y la película, y felicito a quienes la han hecho posible (deberían verla las nuevas generaciones: muchos piensan que «no va con ellos»).

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3 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

CuasiH dice:

Los de provincias no tenemos la suerte de estrenar "estrenos", cuando vea las trece rosas iré con determinaciones de TCB.

No admito que TCB sea espectadora ...y que por precio y mercado califique... No.

Expectadora no es solo la que asiste a un espectáculo sino también la que MIRA CON ATENCIÓN un objeto.

TCB sin indicaciones de Ortega y Gasst, ya es espectadora y meditadora...

21 de octubre de 2007, 13:14  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Ortega y Gasset,J.: O.C. T.II(El espectador). Alianza Editorial.Madrid,1983.

21 de octubre de 2007, 13:25  
Blogger TCB ha dicho...

CuasiH, no suelo leer críticas de cine antes de ver una peli ni antes de comentarla. Son muy sesudas y técnicas. Me guío por intuición. Después si que leo alguna, descubro otras cosas, pero la impronta personal permanece y se ratifica. Me gusta ser la que mira con atención e intención, y me alivia saber que es acción el acto de mirar, no conocía la acepción. También forma parte del cotarro la estadística económica, que utilicé para argumentar y hacer un bodoque opinioliterario. Saúdos.

21 de octubre de 2007, 21:13  

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