viernes, 8 de febrero de 2008

"La soledad"


De Jaime Rosales, ha vuelto a re-estrenarse con las mismas 30 copias del mes de junio del año pasado, por haber obtenido, inesperadamente, tres premiso Goya: A la mejor película, al mejor director y al mejor actor revelación (José Luis Torrijo).

Es su segunda película y está protagonizada por caras nada conocidas que, aunque en su mayoría son mujeres, cumple la ley de paridad, al menos en número. El punto de vista predominante es femenino, desde luego, pero también se esboza algún instante de protagonismo de las soledades masculinas.

No hay música, no es de acción, ni tiene un vestuario o ambientación excepcional, y casi ni tiene guión y diálogos. La puesta en escena es muy sencilla y para ver la película es ineludible entrar a formar parte de ella. (A unos veinte minutos de empezar, un espectador que estaba delante de mí, se levantó, y con un discreto bufido:¡Uf qué rollo!, se marchó por donde había venido).

No es total y absolutamente mente un drama. Es la rutina de la vida cotidiana y sus vitales sorpresas y decisiones. Y, como no, la soledad. Soledad de esa que todos sabemos forma parte de nuestras vidas y que apenas es perceptible en el otro y es, la propia, imperceptible para los demás.

La soledad se aprecia espesa en las habitaciones que los personajes dejan vacías tras su paso o antes de entrar en ellas. Esta impresión la transmite con genialidad por la forma en que ha tratado la imagen que vemos pantalla: A tempo lento, y de vez en cuando, la divide verticalmente en dos planos -como un continuum del hilo del film: un libro que a su vez tiene capítulos y epílogo- que a su vez presentan diferentes planos de los personajes conversando o la acción, de tal forma que la cotidianidad adquiere un transcurrir a tiempo real que nos introduce de lleno en ella.

La música es el ruido silencioso de lo cotidiano que se hace muy patente en el canto de los gorriones y su silencio tras una explosión. El vestuario es oportuno y perfila la idiosincrasia de los personajes. Los escenarios parecen sutilmente escogidos, los encuadres enfocados tanto hacia la expresión de la soledad como hacia la sugerencia de los acontecimientos que hilvanan el día a día rutinario hasta que explota la tragedia, de esa que nos apisona sin destruirnos pero hace patente nuestra pequeñez ante la inmensidad de lo jamás antes conocido.

Su estructura narrativa es clásica por ser absolutamente coherente y temporal, pero también se sale de los cánones clásicos por la estructura plástica audiovisual –experimental, dicen- que da a luz buena parte de lo que pretende expresar: la soledad personal que todo lo invade ante la impotencia de lo inexorable.

Jaime Rosales, comentarios y entrevista



La soledad de Jaime Rosales, trailer


Entrevista al director en 20minutos.es
Ficha técnica
Comentarios: filmaffinity; la butaca; abc.es; público; la opinión; ine.es;

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