lunes, 7 de enero de 2008

Un legado personal


Venga, Teresa, haz avante
larga los largos de la pena
los traveses del dolor
y los esprines del recuerdo.

Pon a son de mar tu nave
pertrecha de ideas tus pañoles
y carga la cara mercancía
de tu vida en sus bodegas.

Haz repicar en tu cerebro
el telégrafo del puente
con templadas y firmes órdenes
para las más osadas maniobras
por el complicado laberinto
del puerto que abandonas.

Navega con claras guardias de mar
con ajustado régimen de motores
y rumbos decididos
hacia cada recalada.

Cuando la mar se levante
cuida la atención a la máquina
vigila el temporal extraño
afina la voz y el gesto
y domina cada una
de las aborrecibles y absurdas olas.

Verbas a un irmán -


Cuando ellos se fueron en el escaso tiempo de seis meses, tuvimos que deshacer tres casas lo que supuso mucho trabajo y muchas lágrimas. También papeleos, desbrozar documentos, organizar ventas, repartir muebles y objetos valiosos y/o queridos. La vida de las personas también está en sus objetos, sus ropas y sus papeles. De casualidad, encontré este poema que él había escrito pero nunca me había enseñado, me sentí la mujer más engañada y privilegiada del mundo. Me engañó porque su propia desazón no parecía permitirle percatarse ni preocuparse de la mía. Privilegiada porque había escrito justo lo que yo habría necesitado y deseado escuchar de sus labios y sentir con su abrazo. Este año es el duodécimo que falta. Todo este tiempo he seguido sus instrucciones de experto Capitán y creo que con su ayuda, he sabido llevar el timón arribando y abandonando puertos. Fué la mejor pareja de baile que tuve jamás. Ya hablé de él en una entrada a propósito de los motoristas en la carretera. Era el cuarto de los hermanos y mi primer amigo.

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2 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

...
rcb

7 de enero de 2008, 7:01  
Blogger Anita ha dicho...

Estaba buscando en tu blog la página de acuarelas de Carlos, y me he encontrado esto, he llorado un poquito, bueno, en realidad sigo llorando, pero eso pasa a veces... y me he acordado de mi compañero de travesuras, de cuándo le hacíamos perrerias juntos a la abuela o cuándo nos escondíamos en el cuarto de la plancha a comer jamón y me daba sorbitos de vino... le echo de menos... no cumplió su promesa, nunca salió conmigo de copas!

20 de abril de 2008, 12:55  

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