domingo, 6 de enero de 2008

La erótica del martirio


Rebelión
Iglesia católica, homosexualidad, homofobia, mártires y psicoanálisis. La erótica del martirio
Manuel Talens

Los casi dos mil años que ha cumplido la Iglesia católica convierten a esta organización humana en la más arcaica de la historia. Ninguna otra ha mantenido durante siglos una parálisis mental tan rigurosa, pues los sermones de Juan Pablo II conservan la lógica doctrinaria de los que sin duda pronunciaban los primeros papas en el siglo I de la era cristiana.

Por ello, concedámosle a Roma, al menos, el mérito de la coherencia. Otra cosa es que las pompas y las obras vaticanas no chirríen en el tercer milenio, toda vez que sus signos y símbolos adquirieron hace tiempo el aroma rancio de las antiguallas.

Los ropajes cardenalicios han dejado de remitir a Dios para convertirse en una ambigua imagen de travestismo kitsch que provoca la sonrisa, pero lo que peor ha envejecido es el discurso narrativo que glorifica el rito voluptuoso de la sangre como paso orgásmico al paraíso: la erótica del martirio. //...//

Un arzobispo español muy conocido por sus posiciones ultraconservadoras y que en sus arengas de los últimos tiempos no pierde ocasión para demonizar el proyecto de ley de los socialistas, que regulará pronto el matrimonio homosexual, se refirió hace unas semanas en una homilía al martirio de San Vicente Mártir en tiempos del emperador Diocleciano para compararlo con la insufrible «persecución» de que supuestamente es víctima la Iglesia católica por parte del PSOE (dicho sea de paso, la persecución es otro de los significantes históricos que la homosexualidad comparte con el cristianismo primitivo). //...//

Los conflictos dolorosos del Yo suelen desencadenar reacciones paradójicas. El inquisidor Torquemada, de origen semita, se encarnizó con los judíos. Hace unos veinte años el telepredicador evangélico Jimmy Swaggart, crítico feroz de la prostitución, fue sorprendido fornicando en un burdel. José María Aznar, con un fenotipo muy parecido al de Sadam Husein, escogió ser martillo de iraquíes.

«Conócete a ti mismo», dijo el oráculo de Delfos.

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